lunes, 16 de junio de 2014

"Nahuales de Tonalá..."

Hace unos días recibimos mi esposa y yo un Gran Regalo de mi Amiga Tere Figueroa y quiero compartirlo con Ustedes.

El Libro "Nahuales de Tonalá, Cuentos de niños y barro tonalteca".

Historias de Nahuales que los niños escribieron…
Imágenes de Nahuales ilustradas sobre mosaicos de barro por artesanos tonaltecas.

Gracias a Ma. Elena Venegas Pérez - Directora de Cultura Tonalá a Teresa Figueroa y Evelyn Andraca por tan bella publicación que contribuye a conservar nuestras tradiciones.

Carlos Cabral Madrigal





Nahuales de Tonalá
Quien ha comprado “jarritos de Tonalá”, con seguridad ha encontrado que dentro de la iconografía que adorna la loza –al lado de las flores, las hojas y las palomitas–  está el célebre “gato con bigotes de señor”, esta figura es una representación de “El Nahual”, personaje mítico presente en la imaginería de nuestro pueblo desde tiempos inmemoriales.
   En la mitología local de Tonalá y de diversos pueblos de origen indígena de nuestro país,  “El Nahual” representa una figura totémica que corresponde a la persona que se transforma a voluntad en un animal y que aprovecha esta capacidad tanto para defender a su familia y sus bienes como para causar daño a sus enemigos.
   La próxima vez que vengas a Tonalá asómate la parte posterior de la parroquia, allá en lo alto podrás apreciar en esta construcción del siglo XVII, que en lugar de las gárgolas que se usaban en la arquitectura europea, aquí está presente la figura fuerte y poderosa de El Nahual.

Teresa Figueroa

LA NOCHE DE LOS NAHUALES.
Por: Teresa Figueroa                               
    
 Cuando supe que la editorial convocaba a hacer una recopilación  las leyendas de nahuales que conocieran los niños de Tonalá  fui de las primeras en presentarme. Me llevó a participar en el proyecto la admiración que sentía por el pensamiento mágico-religioso que anima la tradición oral de la región.  La arraigada creencia en esos seres míticos −que según la tradición son chamanes que se transforman a voluntad en animales−  me causaba gracia.
Me tocó visitar la delegación de Santa Cruz de las Huertas. Para cortar camino y llegar más rápido, tomé por el puente que comunica la avenida Loma Sur  y la calle principal de Santa Cruz; el puente está en un terreno deshabitado que se ha mantenido baldío porque ahí está el cause de un arroyo.  A medio camino se me emparejó un perro grande, negro; la cola abundante y enroscada se agitaba como bandera al viento. Caminó junto a mí sin dar muestras de agresividad.  Cuando llegué  a la primaria, a mi lado estaba un anciano: un hombre recio, de rancho, pantalón y camisa de color indefinido,  limpio y fajado, huaraches de correas con suela de llanta y ese sombrero que es común en los campesinos de Tonalá.
− Con esas cosas no se juega.
− ¿Cómo?
− No se meta con lo que no conoce.
Su voz era ronca y parecía más rasposa por el enojo que expresaba. Voltee a verlo con curiosidad. En el fondo de sus pupilas me pareció ver la llama de las velas en la oscuridad. Iba a preguntarle el significado de sus palabras, pero él ya estaba en la esquina de plaza.
Con los editores seguíamos platicando alegremente del proyecto. Noé, mi amigo actor, me platicó de las representaciones que hacía en un teatro de Guadalajara caracterizado de Nahual narrando las diversas leyendas que se tejen en torno al legendario personaje.
 − ¿Por qué no te presentas en el foro que dirijo? Invité.
− Claro. Me parece muy bueno, aceptó.
Resultaba muy festivo un Nahual narrándose a si mismo en su lugar de origen. Acordamos para el nueve de julio la fecha del evento que llamamos “Leyendas de Nahuales”. Avisamos a los amigos, hicimos carteles y lo subimos al Facebook.
El sábado nueve de julio estuvo claro, luminoso. Me alegré que en este día no estuviera tan nublado como en días anteriores.  Gilo vino por la mañana:
 − ¿Qué andas haciendo, mujer? Preguntó.
− Estoy capturando las Leyendas de Nahuales que escribieron los niños de Santa Cruz. Un gesto sombrío pasó por su frente:
− Con esas cosas no se juega, maestra.
No pude menos que reírme, Gilo es un auténtico tonalteca.
− Gilo, para mi trabajo es importante la difusión de la cultura popular.
− No todo es literatura… ¿Verdad, Lalo?
Lalo, seis años llenos de bulla, me miró y espontáneamente platicó del Nahual que sale en el puente de Santa Cruz. Con un poco de temor recordé el perro que vi en el puente. Caramba, cómo pueden asustar las supersticiones.
Por la tarde estaba preparando la comida cuando vagamente, con el rabillo del ojo, vi un objeto oscuro agitarse junto a mí, voltee y en el tiempo que dura un parpadeo vi al perro negro, alto, de abundante cola enroscada que se metió bajo la estufa. Esto no es posible, aquí no cabe ningún perro, las pláticas de Gilo me sugestionaron, me regañé a mí misma. En ese momento tocaron a la puerta, ahí en la entrada  estaba el mismo anciano que ya había visto antes:
− No pregunte por lo desconocido.                                                           
Escuché nuevamente esa voz cargada de ira que parecía salir de un túnel de piedra. El hombre se alejó de inmediato con aquel deslizamiento veloz de sus huaraches.
Las Leyendas de Nahuales estaban programadas para las ocho de la noche:
− Que sea a la hora en que empieza a oscurecer, para que sea más impresionante, había dicho Noé.
A las siete quince llegaron unos niños del vecindario:
− ¿A qué hora van a ser los cuentos?
− Vénganse en media hora. El cielo estaba despejado y luminoso.
Faltarían quince minutos para las ocho cuando repentinamente una oleada de viento trajo nubes oscuras que imitaron un eclipse.  Pronto nos envolvió una tormenta abundante y furiosa. Llovía con rabia. El granizo golpeaba los vidrios como si fueran pedradas. Las plantas del jardín se agitaban desgarradas por el aire y los hielos.  El foro está en una lomita, parecería absurdo decir que se podría inundar pero ese día vimos cómo el agua formaba una creciente desde la parte de atrás, pasaba por el aula de talleres y salía por el foro. Las coladeras se taparon de granizo y hojas.  Bajo la lluvia fría salimos a limpiar los desagües.  El drenaje borboteaba arrojando agua. Estuvimos con la pala tratando de desviar aquella corriente como náufragos  entre la lluvia y el lodo.
Eran las ocho y media cuando llegó Noé. Su trayecto no había sido fácil. Dice que cuando salió de Guadalajara todo estaba tranquilo, que al llegar a Revolución y Río Nilo empezó la lluvia y que al llegar a la entrada de Tonalá vio que el puente había desaparecido: se lo llevó el agua. Había árboles derribados, troncos y basura que flotaban en aquel río recién formado.  Su camión dio un gran rodeo y al fin pudo llegar, sólo para ayudarnos a  sacar lo que quedaba de agua encharcada. 
Ya en la noche disminuyó la lluvia.  Nos pusimos ropa seca. Noé volvió a su casa. Cuando se alejaba para tomar su camión pasó aquel señor –el mismo que vi en el puente, el que me visitó en la tarde−  me miró con sus ojos llameantes:
 − Ya tiene sus Leyendas de Nahuales, dijo con su voz cavernosa.
Cuando dio vuelta en la calle Clavel, alcancé a mirar la cola abundante y oscura del perro agitándose como bandera al viento.  Nadie habló de las Leyendas. No propusimos volver a presentarlas.

7 comentarios:

  1. Hola! ¿saben dónde lo puedo conseguir? es decir, ¿dónde lo venden?

    Gracias de antemano

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    1. Si todavía no lo tiene, yo se lo obsequio, contácteme: 3311239319

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    3. +Mariposacuentera Yo lo quiero, como se consigue?

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  4. Hola, como consigo este libro? ya esta agotado en las tiendas en línea

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